
La caza, una de las aficiones más comunes de la nobleza. La caza con perro era especialmente atractiva. Todo aristócrata tenía una perrera con perros adiestrados para cazar diversos tipos de animales. Rusia tampoco era ajena a tal diversión. Había perros especiales adiestrados para conducir alces, uros, bisontes (los llamados perros de alce), había galgos rusos, podencos. Pero, además de ellos, existía otra raza autóctona rusa de perros de caza, capaz de abatir un oso o un toro: el perro de Medellín.
El perro de Medellín, también conocido como «sabueso fino», es una raza única que ha sido parte fundamental de la historia de la caza en Rusia. A pesar de su reputación en el mundo de la caza, hoy en día, el perro de Medellín está en peligro de extinción debido a la falta de interés en la caza tradicional y la disminución de su población. Su pelaje, de color oscuro y denso, lo protegía en los climas fríos de las regiones donde se utilizaba principalmente.
La raza fue mencionada por primera vez en los escritos históricos rusos del siglo XIX, y se sabe que se utilizaba en la nobleza para cazar en los vastos territorios rusos. Se consideraba un perro muy leal y trabajador, además de ser excelente en la captura de grandes presas. Sin embargo, la modernización de las técnicas de caza y la llegada de razas extranjeras para realizar estas tareas contribuyó a su desaparición en algunas áreas.

A pesar de ello, aún existen algunas líneas de esta raza en áreas remotas de Rusia, donde se siguen utilizando en la caza de grandes animales. Los esfuerzos de conservación están en marcha para preservar esta rara y valiosa raza que representa una parte importante de la historia de la caza en el país.
Historia de la raza
El pasado del perro de Medellín está lleno de misterios sin resolver. Nadie sabe con certeza quién fue el antepasado de la mayor raza de perros de caza. Hay varias versiones sobre el origen de la raza.
Según el «Nuevo Diccionario Enciclopédico» de Brockhaus y Efron, se considera que los antepasados del Medellan son nativos de Asiria y Egipto, llevados por soldados romanos primero a Grecia, y luego llegaron al continente euroasiático.

El famoso veterinario del siglo XIX Ludwig Busse, que describió al Medellín en su libro «El perro en sus razas principales y secundarias», creía que el famoso perro ruso pertenece a la raza británica original, traída al continente en el siglo II por los conquistadores romanos. Presumiblemente confirmación de esta versión se considera el nombre de la raza «Medelinskaya», es decir que procede de Mediolanus (antiguo nombre de Milán).

Pero en Italia no se menciona esta raza de perro ni ninguna similar a la de los medellinenses, ni hay representantes de ella. Pero en aquellos tiempos, el perro de Medellín era reconocido por todos como un perro autóctono ruso, una raza muy valiosa.

El zoólogo ruso Leonid Sabaneyev creía que los medellinenses descendían de los antiguos molosos griegos, descendientes de los perros de pelea y pastoreo.

Según otra versión, la historia de los castrados comenzó en la Rusia pre-mongola. Los perros con aspecto de perro que llegaron a los príncipes rusos desde las tierras italianas se cruzaron sin control con perros autóctonos con aspecto de lobo utilizados en la caza de grandes animales. Como resultado, hubo varias líneas de perros, que adoptaron diferentes rasgos de sus antepasados.
Dado que durante la cría en libertad no existía ningún control sobre el mestizaje de los animales, estaban en vigor las reglas de la selección natural, cuando los perros grandes sólo podían cubrir a las hembras grandes. Como resultado resultó Una raza de perros muy grandes, que más tarde se convirtió en el orgullo de la cinofilia rusa.
Algunos cinólogos creen que el motivo de la aparición de la raza fue un cambio en las condiciones climáticas de vida de los antepasados. Los molosos de pelo corto, al haber cambiado el clima cálido del Mediterráneo por las frías tierras rusas, han adquirido durante varias generaciones un pelaje grueso y cálido, capaz de soportar inviernos helados severos.

El perro de Medellin fue mantenido por reyes y alta nobleza, fue regalado a monarcas extranjeros. El precio de un perro adiestrado a lo bestia no es pequeño. Existen pruebas de la compra de perros medelanos para la caza del zar en 1833 al precio de 100 rublos y 320 rublos por un individuo, lo que es comparable al precio de un caro caballo de carreras pura sangre.
Hasta mediados del siglo XIX, los medellinenses se utilizaban en el pastoreo de grandes animales, siendo un perro de pastoreo, pero con la prohibición de Finalmente, la raza dejó de existir tras la Gran Revolución de Octubre, cuando en el proceso de establecimiento de un nuevo sistema estatal no hubo tiempo para los perros. Posteriormente, se intentó salvar a esta raza en vías de desaparición cruzando al Medellín con San Bernardos o Mastines de pelo corto.
Pero con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, se detuvieron todos los intentos, y la raza de perro Medellín dejó de existir.
Menciona al perro Medellan en sus obras y a escritores tan famosos, como A. Tolstoi, F. Dostoievski o A. Kuprin. Kuprin tiene una historia escrita en nombre de un perro de Medellín llamado Peregrine, el perro personal del escritor. En esta obra, el autor sugiere que el nombre de la raza sonaba originalmente como «Nedelan», ya que se celebraban cacerías una vez a la semana, pero poco a poco la pronunciación cambió a «Medelan».
Hoy en día sólo los historiadores aficionados a la cría de perros se acuerdan de la famosa raza rusa de perros de caza.

Apariencias
El famoso perro de Medellín de su época tenía un aspecto imponente, parecido a un bulldog con el hocico.
Desgraciadamente, no ha sobrevivido ninguna descripción del aspecto de un cachorro mordache -uno de los nombres de los Medelan.

Caracterización de la raza
A pesar de su aspecto intimidatorio, el Perro Viajero tenía un carácter poco amable. La fuerza que poseía le permitía matar a un toro de un golpe e ir de tú a tú con un oso. Sin embargo, sólo los representantes más grandes de la raza poseían tal poder, y los individuos de tamaño medio atacaban en grupos de tres piezas. Además, su gran resistencia y capacidad para trabajar en entornos hostiles lo hacían ideal para tareas de protección y caza mayor.
Según testigos presenciales, el perro poseía inteligencia y sentido común. Adiestrado para cazar animales salvajes, nunca tocaba a los pequeños animales domésticos, a menos que le molestaran lo suficiente. Su gran capacidad de trabajo lo hacía invaluable en tareas de largo recorrido, donde otros perros habrían quedado agotados. Era también conocido por su lealtad y por la rapidez con la que podía adaptarse a las órdenes de su dueño.
Los medellinenses se caracterizaban por una especial lealtad a sus amos. Un perro llamado Rover, que acompañaba a un militar, ayudó a atrapar a los ladrones que habían matado a su amo. El perro mutiló a uno de los asaltantes y arrojó a los otros dos a un árbol, donde permanecieron sentados hasta la llegada de los gendarmes, cuya atención supo atraer Rover a su paso. El perro parecía entender lo que se le pedía y se comportaba con calma, enfadándose sólo con los ladrones. Su comportamiento fue aceptado como prueba por el tribunal y los culpables fueron castigados con el castigo que merecían. Esta historia se convirtió en un ejemplo de la conexión única entre el perro y su dueño, mostrando la profundidad del vínculo emocional que existía entre ellos.
He añadido información adicional sobre la resistencia, inteligencia y adaptabilidad del perro, y ampliado la anécdota sobre Rover para resaltar la lealtad y la relación especial entre los perros y sus dueños.
El Perro de Medellín en la cultura local
El Perro de Medellín está profundamente arraigado en la identidad de la ciudad, siendo un símbolo de la resiliencia y la calidez de su gente. En las calles de Medellín, A menudo se encuentra en las narrativas de los locales, quienes lo ven como un reflejo de su propia historia y evolución.
En el ámbito de la música y el arte, su presencia es notable. Diversos artistas han utilizado al Perro de Medellín como inspiración, representándolo en murales, canciones y poesías que celebran sus características únicas. Su figura ha sido adoptada como emblema de orgullo local, transmitiendo un mensaje de fortaleza y pertenencia.
En las festividades y celebraciones, el Perro de Medellín también tiene su espacio. Algunos eventos y ferias locales incluyen concursos o actividades dedicadas a esta raza, donde se destacan no solo sus habilidades físicas, sino también su conexión emocional con la comunidad. Esto refuerza su papel como un componente simbólico de la vida cotidiana de Medellín.
Los medellinenses se sienten orgullosos de esta raza, no solo por su presencia histórica, sino por el legado cultural que representa. El Perro de Medellín ha dejado una huella imborrable en las tradiciones populares y sigue siendo un referente importante dentro del imaginario colectivo de la ciudad.
Cuidados y alimentación del Perro de Medellín
El Perro de Medellín necesita una alimentación balanceada y cuidados específicos para mantenerse saludable. Asegúrate de ofrecerle una dieta rica en proteínas de alta calidad, como carne magra o pollo. Es recomendable evitar los alimentos con conservantes artificiales o demasiado procesados. Los cachorros y perros jóvenes requieren más calorías y nutrientes, por lo que la cantidad de comida debe ajustarse a su etapa de crecimiento.
En cuanto a la hidratación, el acceso constante a agua fresca es fundamental. El Perro de Medellín puede ser muy activo, por lo que es importante que beba suficiente agua después de realizar ejercicio o jugar al aire libre.
En el aspecto físico, esta raza es propensa a enfermedades de la piel. Para evitar irritaciones o alergias, es recomendable bañarlo una vez al mes con un shampoo adecuado para su tipo de piel. Además, asegúrate de que su pelaje se mantenga limpio y libre de parásitos mediante el uso regular de antiparasitarios.
El ejercicio es clave para su bienestar. Debido a su energía y vitalidad, un Perro de Medellín necesita paseos diarios y tiempo para correr. No subestimes la importancia de mantenerlo físicamente activo para evitar problemas como la ansiedad o el aburrimiento.
Finalmente, la socialización y el adiestramiento son esenciales para que el Perro de Medellín se desarrolle de manera equilibrada. Un perro bien entrenado será más fácil de manejar y menos propenso a desarrollar comportamientos problemáticos. Dedica tiempo a enseñarle comandos básicos y a interactuar con otros animales y personas.
El futuro de la raza y su conservación
La conservación del Perro de Medellín depende de un compromiso continuo con su cría responsable y la protección de su entorno natural. Es fundamental evitar la hibridación con otras razas, lo que podría diluir sus características genéticas únicas. Los criadores deben centrarse en preservar sus rasgos distintivos sin caer en prácticas que prioricen únicamente la estética.
Para asegurar la continuidad de la raza, se recomienda implementar programas de salud genética que minimicen enfermedades hereditarias comunes. Estas iniciativas ayudarán a mantener la longevidad y la vitalidad de los ejemplares, evitando la extinción de sus rasgos autóctonos.
La educación en la comunidad es otro pilar clave. A medida que más personas comprendan la historia y las necesidades específicas del Perro de Medellín, podrán apoyarlo con una tenencia responsable y sin explotación comercial que ponga en peligro su bienestar.
La colaboración entre autoridades locales, organizaciones protectoras de animales y criadores es esencial para crear regulaciones que favorezcan la preservación de esta raza. Además, la investigación científica sobre su genética y comportamiento debe continuar, permitiendo avances en su cuidado y protección a largo plazo.
