Hasta hace poco era difícil imaginar un acuario sin un castillo de plástico o piedra y otros adornos que imitaban tesoros submarinos. Hoy el diseño prefiere lo natural y evita recargar el espacio. En lugar de barcos hundidos de plástico aparecen troncos y raíces, llamados en el argot acuarista madera de deriva o «coriags» (del ruso «koryagi»).

Estos elementos crean un ambiente más armonioso y ofrecen a peces, camarones y otros habitantes un entorno más parecido al de su hábitat natural: refugios, superficies para el musgo y lugares donde ramonear.

Existen varios tipos, que se distinguen por la especie de madera, el tamaño y la forma. Los más habituales son:

  • Raíces de mangle: muy decorativas y de formas retorcidas; suelen soltar bastantes taninos y tiñen el agua al principio.
  • Mopani y manzanita: maderas duras de tonos claros y oscuros que se venden en tiendas especializadas y se hunden con facilidad tras el remojo.
  • Raíces y ramas de árboles caducifolios: roble, sauce, haya o frutales, siempre secos, sin corteza y bien tratados.

Además de decorar, la madera sumergida suelta taninos que tiñen el agua de tono té y la acidifican ligeramente, algo que agrada a muchas especies de aguas blandas, como los tetras o los apistogramas. Sin embargo, no reduce por sí sola los nitratos: eso se logra con cambios de agua y plantas.

En resumen, la madera bien elegida y bien preparada mejora la estética del acuario y crea un entorno más natural para sus habitantes. Una elección o un tratamiento incorrectos, en cambio, pueden estropear el agua.

¿Para qué?

La madera y la piedra natural son materiales muy apreciados en el diseño del acuario. Sin embargo, los acuaristas tienen muchos temores sobre el «comportamiento» de los troncos en el agua: se dice que el agua «florece» o incluso que mueren los peces. No hay que dejarse llevar por los rumores, pero el asunto merece un examen detallado.

La función estética es la principal, pero no la única: la madera también aporta al ecosistema del acuario escondites, superficies para el musgo y alimento complementario.

Un tronco sirve de apoyo al ecosistema interno: en sus grietas viven microorganismos y pequeños invertebrados, y algunos peces utilizan las cavidades como refugio.

En cierto modo actúa como un filtro biológico, porque las bacterias que se instalan en su superficie ayudan a descomponer los residuos orgánicos y a mantener el agua más limpia, lo que beneficia a peces y plantas.

Ten en cuenta que, antes de colocar la madera, hace falta un proceso de curado (remojo o hervido) para que no suelte demasiados taninos de golpe y altere temporalmente la calidad del agua.

Pros y contras

Empecemos por lo positivo: los troncos decoran el acuario, influyen favorablemente en el equilibrio del agua y se consideran hoy un elemento de moda en la acuariofilia.

Además, la madera se convierte en un atractivo extra para los habitantes del acuario y el diseño resulta más completo y sobrio. En ella se pueden cultivar plantas como el helecho de Java y musgos. Algunos tipos, como el mopani o la manzanita, liberan taninos que ayudan a crear un ambiente más natural y bajan algo el pH del agua.

También ofrece escondites a los peces, algo importante para las especies tímidas o territoriales: se sienten seguros y se estresan menos.

Los inconvenientes dependen casi siempre de la elección: una madera equivocada o mal preparada perjudica el agua y la salud de los peces.

No toda la madera sirve para el acuario, y menos aún sin tratamiento previo. Algunas maderas sueltan demasiados taninos y oscurecen el agua, y otras se pudren sumergidas y liberan sustancias dañinas para la calidad del agua.

Para un acuarista aficionado, todo esto no es una molestia sino parte del placer de crear un mundo submarino acogedor. Con una buena selección y tratamiento, la madera es un complemento duradero para cualquier acuario.

¿Cuáles se pueden utilizar?

Nadie sensato coge cualquier palo del suelo para meterlo en el acuario. Quien lo hace por moda puede estropear toda el agua y poner en peligro a los peces.

Elegir bien la madera es cosa seria. Lo más sencillo es comprarla en una tienda de animales, donde se vende madera apta para acuarios, aunque suele costar más. En tiendas se encuentra madera de mangle, mopani, manzanita y de otras especies.

Aun así, conviene fijarse bien: un vendedor sin escrúpulos puede vender como exótica una madera cualquiera, de menor valor y no apta para el agua. Incluso la raíz de mangle auténtica tiñe bastante el agua y la deja con aspecto de infusión, lo que asusta a los principiantes.

Otra desventaja es el transporte y el almacenamiento: mientras la madera llega al comprador, puede acumular polvo y sustancias nocivas para los peces.

Por eso, incluso la madera comprada en una tienda especializada debe limpiarse y remojarse a fondo.

Surge una pregunta lógica: ¿por qué tanto lío con la madera ordinaria? ¿No se puede coger un trozo de roble seco, darle forma y sumergirlo? Se puede, siempre que esté seco, sin corteza ni tratamientos y se prepare bien, y en algunos casos resulta incluso más seguro que una exótica de dudoso origen.

Recomendaciones para elegir

Los aficionados al diseño de acuarios prefieren los elementos naturales a los artificiales. La madera apta para sumergir se puede encontrar en muchos sitios: en el campo, en un parque o en el lecho seco de un río.

Para acertar a la primera, limita la elección a maderas de árboles caducifolios: peral, arce, sauce, haya, manzano o roble se consideran buenas opciones. Evita siempre las coníferas (pino, abeto, cedro, enebro), porque desprenden resina tóxica para los peces, y cualquier madera barnizada, pintada o tratada.

Además, son las opciones más asequibles. Las decoraciones de sauce y roble se ven con frecuencia en los acuarios. Las maderas blandas se desintegran rápido en el agua y, con suerte, duran un máximo de dos años, sean piezas grandes o pequeñas.

No utilices nunca ramas vivas ni verdes: se pudren en el agua.

Solo sirven ramas secas o troncos ya secos. Si quieres usar una ramita, córtala y déjala secar en un lugar bien ventilado durante varios meses.

El tipo de madera depende del gusto personal. Las piezas grandes y con textura se ven más espectaculares. Los diseñadores de acuarios suelen preferir las raíces de árboles, porque su forma es interesante, voluminosa y estética, y no requieren apenas ajustes.

Preparación y tratamiento

El agua es sensible incluso a pequeños cambios, así que la preparación de la madera debe ser cuidadosa. No basta con pelarla: antes de usarla hay que remojarla o hervirla.

El agua caliente elimina los parásitos, insectos pequeños y bacterias que puedan llegar con la madera. Hierve la pieza en una olla grande de acero inoxidable o esmaltado (nunca de aluminio) durante 1 o 2 horas; las piezas muy gruesas pueden necesitar varias horas, renovando el agua cuando se oscurezca mucho. No añadas sal: no hace falta y solo complica el aclarado posterior. Si la pieza no cabe en la olla, sumérgela en un cubo grande con agua caliente y déjala remojar varios días, cambiando el agua a diario.

Un hervido breve no es suficiente para eliminar los taninos: lo normal es combinar hervido y remojo hasta que el agua salga casi transparente, lo que puede llevar de varios días a unas semanas.

Durante el hervido el agua se evapora, así que vigila la olla y rellénala cuando haga falta. Hay que hervir también la madera comprada en una tienda. No metas en el acuario ramas pensadas para decorar terrarios de reptiles: pueden estar tratadas con fungicidas y son nocivas para los peces.

Algunos acuaristas se limitan a escaldar la madera con agua hirviendo. Es difícil hervir piezas grandes, pero una simple ducha de agua caliente no basta: un tratamiento insuficiente deja organismos en la madera que pueden perjudicar después a los habitantes del acuario.

Colocación en el agua

Colocar la madera en el agua merece una explicación aparte. ¿Cómo evitar que flote?

No fuerces piezas voluminosas encajándolas a presión contra los cristales: pueden dañar el acuario o las juntas de silicona.

Una madera que permanece mucho tiempo en el agua se hincha y cambia de tamaño. A veces no se hunde porque sigue seca por dentro; aunque la hayas hervido bien, puede seguir flotando. Por eso, sin una fijación adecuada, la pieza subirá a la superficie.

Lo más fácil es sujetar la madera a una piedra pesada o colocar la piedra encima. Algunos acuaristas utilizan ventosas, pero en el agua se comportan de forma impredecible y se sueltan. También puedes atar la pieza a una piedra o a una teja con hilo de pescar y retirarlo cuando la madera se haya empapado y hundido por sí sola.

Decoración adicional

La madera puede necesitar decoración adicional. Queda muy bonito el musgo o las plantas epífitas como el helecho de Java o el anubias, que se fijan directamente en el tronco y dan un aspecto natural.

Es muy importante fijar bien el musgo a la madera con hilo de pescar o pegamento de cianoacrilato en gel, hasta que se agarre por sí solo.

El conjunto se puede completar con piedras bonitas y plantas acuáticas.

Posibles problemas

No es raro que la madera se pudra con el tiempo, incluso tras un buen hervido. Esto ocurre cuando quedan zonas vivas, blandas o podridas en el interior.

Si una zona se ablanda, se vuelve viscosa o aparece una capa blanquecina o mucosa, retira la pieza, raspa con un cepillo las partes dañadas y vuelve a hervirla. Si el daño es grande, es más seguro desecharla. Algunos aficionados chamuscan la superficie de piezas completamente secas con un soplete, siempre al aire libre, lejos de materiales inflamables y con cuidado, y después las cepillan y las remojan. No uses parafina, barnices ni selladores: pueden ser tóxicos para los peces.

También es habitual que la madera nueva se cubra de una capa blanca algodonosa (hongos inofensivos) que desaparece sola o que se limpia con un cepillo; los peces limpiafondos suelen comérsela. Si te preocupa la aparición de algas sobre la madera, consulta cómo combatir la alga barba negra.

Algunos peces, como los limpiafondos o los plecos, necesitan roer fibras de madera, y les ayuda a digerir. Para muchas especies la madera es parte natural de su hábitat, y su presencia en el acuario doméstico les beneficia. Además, optimiza el entorno del acuario, lo decora y permite probar tus dotes de diseñador de paisajes acuáticos.

En el vídeo siguiente encontrarás una visión general de los troncos para acuarios.

Maderas recomendadas y a evitar

MaderaUsoObservaciones
MopaniRecomendadaMuy dura; suelta taninos al principio y tiñe el agua.
ManzanitaRecomendadaSe hunde con facilidad, apenas tiñe tras el remojo.
Raíz de mangleCon precauciónMuy decorativa; tiñe bastante el agua al principio.
Roble, sauce, haya, frutalesPosible si está seca y sin cortezaRequiere remojo prolongado y puede durar poco.
Pino, abeto, cedro, enebroEvitarContienen resinas dañinas para los peces.
Madera barnizada o tratadaEvitarContiene sustancias tóxicas.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se pone amarillenta el agua?

Por los taninos de la madera. No es dañino para la mayoría de los peces y se corrige con remojo previo, cambios de agua o carbón activo en el filtro.

¿Puedo usar un tronco recogido en la naturaleza?

Sí, si está seco, sin corteza, sin podredumbre y de una especie adecuada, y siempre tras hervirlo y remojarlo bien.

¿Por qué flota el tronco?

Porque todavía tiene aire en su interior. Remójalo más tiempo o fíjalo con una piedra hasta que se sature de agua.

Por admin